Con esta serie de entrevistas queremos acercarnos a los miembros de la Junta Directiva de ALSEDISA, conocer sus trayectorias, experiencias y reflexiones sobre los grandes retos de la gestión sanitaria actual. A través de sus testimonios descubriremos no solo perfiles profesionales de gran valor, sino también historias de vocación, aprendizaje y compromiso con la sanidad.
Hoy con Paloma Fernández Rodríguez, Directora de Organización y Procesos de Fundación Hospitalarias Madrid (antiguo Hospital Beata María Ana) y Secretaria de la Junta Directiva de ALSEDISA.
¿Podrías contarnos sobre tu trayectoria y lo que te motivó a dedicarte a la gestión sanitaria?
Estudié Ciencias Ambientales en la UAM, y nunca imaginé que acabaría trabajando en el sector sanitario. Al terminar la carrera, me especialicé en Gestión de la Calidad y Gestión Ambiental, lo que me permitió optar a un puesto como Responsable de Calidad en el Hospital San Camilo de Madrid, perteneciente al grupo USP. Aunque mi conocimiento en gestión era reciente y amplio, apenas conocía el sector salud, más allá de mi experiencia como paciente o acompañante. Desde el primer momento, me cautivó la complejidad de este mundo y su trascendental importancia para la sociedad.
Mi primera experiencia en el hospital fue muy enriquecedora. Pude conocer los procesos de un hospital médico-quirúrgico de tamaño mediano y entender los roles de los distintos profesionales. Además, fue mi primera experiencia en una empresa, lo que me ayudó a organizar mi forma de pensar y estructurarme. Tuve la suerte de que, desde muy pronto, me invitaran a reportar en el Consejo de Dirección, lo que me brindó una visión global del ámbito sanitario. Mi puesto también me permitió interactuar directamente con los profesionales de cada área, desde los administrativos, enfermeras y médicos, hasta el personal de limpieza, además de establecer relaciones con entidades certificadoras externas. Esta experiencia me permitió recuperar la certificación ISO 9001 de Sistema de Gestión de la Calidad para el centro, lo que marcó el inicio de mi trayectoria en el sector.
Poco tiempo después, me incorporé como Gestora de Calidad y Medio Ambiente en el Hospital Nuestra Señora de América, que en ese entonces formaba parte del grupo Adeslas. Durante ese breve año, mi enfoque estuvo en aplicar mis conocimientos de gestión ambiental, mantener los certificados ISO 9001 y 14001, y conocer el mundo de las Comisiones Asistenciales, liderando algunas de ellas. También asumí la responsabilidad del área de Archivo, lo que me permitió mejorar los procesos relacionados con las historias clínicas, trabajando estrechamente con las direcciones asistenciales, mandos y médicos del centro.
Al poco tiempo, llegué al Hospital Beata María Ana de Hermanas Hospitalarias, donde encontré un gran reto: entrar a un hospital donde no se hablaba de calidad, donde el puesto era nuevo y todo estaba por hacer. Fue allí donde, gracias a un increíble mentor, aprendí a ver más allá, a pensar a futuro. Sentía que tenía mucho que aprender, que debía mejorar y adquirir habilidades que no había podido desarrollar en la universidad o en cursos posteriores. Fue entonces cuando decidí hacer el MUGYPS de Sedisa, siendo una de las mejores decisiones que pude tomar en ese momento de mi carrera. Dos años después, completé el Programa de Desarrollo Directivo Talentia 360 de la Escuela de Organización Industrial. He tenido la suerte de conocer el sector de la sanidad privada y de crecer dentro de él, pero sin duda, el mayor logro fue mi formación en gestión. Aprender a dar el salto al siguiente nivel, pensar en grande, ver desde arriba con visión de águila y luego bajar al “barro” para resolver problemas.
En la actualidad, soy Directora de Organización y Procesos. Mi motivación es seguir marcando nuevos objetivos, cumplir hitos y acompañar en la transformación y crecimiento del gran hospital donde trabajo.
Al mirar atrás, solo puedo sentirme afortunada. Afortunada por haber descubierto este apasionante mundo, en el que jamás imaginé trabajar y en el que espero seguir creciendo muchos años más. También me siento agradecida por haber tenido siempre responsables que me han permitido formarme y evolucionar, tanto personal como profesionalmente.
Basándote en los proyectos o iniciativas en los que has participado, ¿cuáles consideras que han sido tus principales aportaciones al sector y qué aprendizajes has obtenido de estas experiencias?
El área de Organización y Calidad es clave en cualquier organización. Desde mi perspectiva, aporta tanto beneficios operativos como estratégicos, siempre con un enfoque en garantizar la seguridad del paciente y la eficiencia operativa. Mi contribución en las organizaciones en las que he tenido la suerte de trabajar ha sido aportar una visión transversal en las áreas de experiencia del paciente, incorporando metodologías de medición, en la estandarización de procesos, buscando los mejores indicadores para mantenernos alerta y creando protocolos para reducir la variabilidad en las operaciones, así como mejorando la calidad asistencial, fomentando las comisiones técnicas, implementando sistemas de gestión y promoviendo las prácticas seguras para minimizar riesgos, colaborar en la mejora de los procesos e impulsar la innovación, siempre priorizando el bienestar de los pacientes y de la institución.
Quienes me conocen saben que mi objetivo es aterrizar la calidad en la realidad de los procesos y de las personas, haciendo que se integre en su día a día, con sentido común y cultura compartida. Estoy convencida de que cada vez más personas están sensibilizadas con la importancia de hacer las cosas bien, medir y gestionar, mejorar e innovar, mirar no solo hacia dentro, sino también hacia afuera: hacia los pacientes y hacia todos los grupos de interés.
Desde que asumí el rol de Jefa de Organización y Calidad, y recientemente como Directora de Organización y Procesos, he trabajado por aportar independencia en las decisiones y empoderar a los responsables de los procesos. Mi meta siempre ha sido clara: que todos tengamos definidas nuestras responsabilidades y que rememos juntos en la misma dirección, de forma horizontal, con la finalidad de dar una atención asistencial excelente a nuestros pacientes, en equilibrio con la sostenibilidad del centro. Aunque parece algo obvio, no siempre es sencillo. Mi propósito es ser facilitadora, ayudar a que las cosas sucedan de manera natural. Para mí, la calidad no es una línea paralela al resto: La calidad lo impregna todo y está en todo.
Cada día aprendo algo nuevo, y estoy profundamente agradecida por ello, porque aprender me apasiona. Últimamente, he reflexionado mucho sobre el efecto multiplicador de las sinergias: la conexión entre personas, la comunicación, la claridad en los objetivos, la delegación de tareas (que considero fundamental para avanzar) y la confianza. Cuando estos elementos fluyen dentro de un equipo, su capacidad no se limita a la suma de las individualidades, sino que se multiplica. Los resultados, la velocidad y la efectividad crecen exponencialmente, y eso es algo maravilloso de presenciar.
Mis expectativas sobre liderar un equipo han sido ampliamente superadas. Esto se debe al propio equipo: a la conexión que hemos construido, a la confianza, la comunicación y, por supuesto, al talento que cada una de ellas aporta. Tener una materia prima tan buena hace que todo fluya, y trabajar con ellas es un auténtico privilegio.
Desde tu perspectiva, ¿cómo ves el futuro de la gestión sanitaria y qué consejos darías a otros jóvenes interesados en seguir este camino profesional?
El futuro de la gestión sanitaria exige una constante evolución y capacidad de adaptación. El sector avanza a un ritmo apresurado, y aunque los cambios suelen ser un desafío, son imprescindibles para garantizar su sostenibilidad. Con una preparación adecuada, estos retos pueden convertirse en oportunidades para impulsar mejoras significativas. El verdadero desafío radica en formar profesionales capaces de abordar no solo los aspectos técnicos, sino también las complejidades de un entorno dinámico y esencial para la sociedad.
Una diferencia clave entre un buen técnico y un buen gestor sanitario, es la formación en gestión. Si bien el conocimiento técnico es fundamental, lo que distingue a un gestor eficaz es su capacidad para liderar equipos, tomar decisiones estratégicas y administrar los recursos de manera eficiente. Considero fundamental disponer de programas formativos en gestión y liderazgo, que permitan a los profesionales desarrollar una visión más amplia, estratégica y sostenible de su labor.
Iniciativas como las promovidas por Sedisa son un ejemplo claro de cómo se puede potenciar esta formación, brindando a los profesionales sanitarios del conocimiento y de las herramientas necesarias para liderar y gestionar en el sector salud. Gracias al esfuerzo de generaciones anteriores, hoy contamos con un camino más definido, lo que nos permite enfocarnos en mejorar aspectos fundamentales como la eficiencia, la calidad asistencial y el bienestar del sistema sanitario.
Entre los retos más urgentes que nos enfrentamos, se encuentra la creación de políticas que favorezcan la formación y retención de talento sanitario. La escasez de profesionales y la fuga de talento cualificado son problemas que afectan directamente la calidad del sistema sanitario. Por ello, garantizar una dotación suficiente de personal capacitado para la toma de decisiones estratégicas debe ser una prioridad, pues el sistema de salud es, sin duda, uno de los pilares esenciales de cualquier sociedad.
A los profesionales interesados en seguir esta trayectoria profesional, les aconsejo enfocarse en desarrollar sus habilidades de gestión: Aprovechad las oportunidades de formación, buscad perfeccionar vuestras competencias directivas, tened cerca a los mejores que os sirvan como fuente de inspiración y conocimiento y mantened siempre una actitud abierta al aprendizaje y a la adaptación en un sector en constante transformación.
