Conversaciones que inspiran con ALSEDISA. Lubna Dani Ben Abdellah

Conversaciones que inspiran con ALSEDISA. Lubna Dani Ben Abdellah

Lubna Imagen Blog

Con esta serie de entrevistas queremos acercarnos a los miembros de la Junta Directiva de ALSEDISA, conocer sus trayectorias, experiencias y reflexiones sobre los grandes retos de la gestión sanitaria actual. A través de sus testimonios descubriremos no solo perfiles profesionales de gran valor, sino también historias de vocación, aprendizaje y compromiso con la sanidad.

Hoy con Lubna Dani Ben Abdellah, Jefa de la Unidad de Hospitalización a Domicilio – Hospital Universitario La Paz y Vocal del Comité ALSEDISA (SEDISA).

  1. ¿Podrías contarnos sobre tu trayectoria y lo que te motivó a dedicarte a la gestión sanitaria?

Hace ya algunos años que decidí que mi camino estaba en el mundo de la salud. Probablemente parte de la culpa la tuviera mi vecino y buen amigo de la familia, nuestro “pediatra de cabecera”. Supongo que de alguna manera él puso esa semilla que me hizo con apenas 5 años aseverar que quería ser médico (y escritora, esta segunda vocación ha quedado relegada a un segundo plano). Estudié medicina y ya por aquellos años mi inquietud me llevó a empezar a interesarme por temas de gestión en el ámbito académico, habiendo liderado la implantación en mi facultad de nuevos modelos adaptados al espacio europeo de educación superior, que por aquellos años era toda una novedad, así como una pequeña incursión de un año en gestión y liderazgo de un equipo de becarios de información y participación estudiantil en el Vicerrectorado de estudiantes de la Universidad de Granada.

Una vez concluida la carrera, mi trayectoria profesional comenzó en el ámbito clínico, como médico de familia y posteriormente como facultativo adjunto en el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario La Paz, donde aprendí la importancia de la coordinación, la toma de decisiones en equipo y la gestión del tiempo y los recursos. En ese entorno, comprendí que muchas de las dificultades que enfrentábamos en el día a día no eran solo asistenciales, sino organizativas.

Además, mi primer año como facultativo adjunto de Servicio de Urgencias lo compaginé con el rol de jefe de residentes en el mismo hospital, fue ahí donde descubrí que la gestión sanitaria no es una función administrativa alejada del paciente, sino una forma de cuidado más amplia y estratégica. Una forma de cuidado que empezaba por cuidar a los profesionales, por generar un entorno seguro pasando por una planificación que tuviera en cuenta a todos los actores implicados. Ese año como jefa de residentes, terminó de germinar la semilla que años atrás había ido sembrando en términos de gestión y cuidados, de medicina y planificación estratégica, de aprender a liderar y acompañar.

Al final, la vida es una consecución de experiencias que acaban moldeando el propósito vital de cada uno. Ese “Ikigai” que todos tenemos y que se va modulando con los años y la mochila que vamos llenado .Y claramente, mi biografía ha sido un verdadero acicate para llevarme a querer dedicarme a la gestión sanitaria.

Hoy, como Coordinadora de la Unidad de Hospitalización a Domicilio de La Paz, tengo la oportunidad de conjugar ambas dimensiones: la visión clínica y la mirada gestora. Este modelo asistencial representa, para mí, la esencia de uno de los valores que deseo impregne mi quehacer cotidiano, la humanización. Gracias a ese acercar el hospital al hogar, respetar los ritmos de vida de los pacientes y sus familias, y ofrecer una atención hospitalaria de calidad, segura y sustentada en la mayor evidencia científica disponible sin desarraigarles de su entorno.

Esa visión me llevó a seguir formándome —con varios másteres en gestión clínica, dirección médica e innovación en salud, así como mentorías en liderazgo — y a implicarme activamente en sociedades profesionales como la SEHAD (donde actualmente soy Tesorera) y SEDISA, a través del Comité de Antiguos Alumnos ALSEDISA. En ambas organizaciones he encontrado un espacio de crecimiento, inspiración y compromiso colectivo con una gestión sanitaria más innovadora y humana.

Mi motivación se resume en una idea sencilla: la gestión es otra forma de cuidar. Cuidar de los equipos, de los procesos, de las personas que hacen posible la atención, y de quienes la reciben. Innovar es importante, pero humanizar es imprescindible. La tecnología, los protocolos y los indicadores tienen sentido solo si mejoran la experiencia y la dignidad de las personas.

2.  Basándote en los proyectos o iniciativas en los que has participado, ¿cuáles consideras que han sido tus principales aportaciones al sector y qué aprendizajes has obtenido de estas experiencias?

He tenido la fortuna de participar en diferentes ámbitos, pero destacaría tres proyectos que han marcado mi desarrollo como gestora:

a) Coordinación de la Unidad de Hospitalización a Domicilio (HAD)

Liderar la unidad de Hospitalización a Domicilio en un hospital de referencia como La Paz ha sido una experiencia profundamente transformadora. Este modelo asistencial permite atender a pacientes que, por su complejidad, requieren cuidados hospitalarios, pero con la ventaja de hacerlo en su propio hogar. La innovación aquí no solo ha sido tecnológica —digitalización de procesos, monitorización remota, coordinación entre servicios—, sino cultural y humana: adaptar la asistencia al entorno del paciente, respetar sus valores, implicar a la familia y favorecer una relación más horizontal entre profesionales y usuarios.

El aprendizaje más valioso ha sido comprobar que la eficiencia y la humanización no son opuestas, sino complementarias. Un proceso bien diseñado puede ahorrar recursos y, al mismo tiempo, mejorar la experiencia humana del paciente, donde cada decisión, desde la logística hasta la comunicación, impacta en la vivencia emocional del cuidado.

b)  Liderazgo joven y participación en sociedades científicas

Como vocal del comité ALSEDISA, he trabajado para dar voz a los jóvenes gestores y fomentar la  formación  en  liderazgo,  comunicación  y  gestión  de  la  innovación. Tratamos de ser un impulso de encuentros y espacios de reflexión donde compartir experiencias y promover una nueva cultura de dirección y gestión sanitaria basada en la cooperación y el aprendizaje continuo.

Este trabajo colectivo me ha enseñado que el liderazgo no se impone, se comparte. Que un directivo no es quien tiene todas las respuestas, sino quien sabe hacer las preguntas correctas y crear el contexto para que los equipos brillen.

c)  Innovación tecnológica y empoderamiento profesional

Mi faceta como cofundadora de Quizit Mobile, una aplicación para la preparación de exámenes MIR, EIR, FIR y PIR, me permitió experimentar cómo la tecnología puede ser una herramienta para democratizar el conocimiento y acompañar a los profesionales en su desarrollo. Más allá del componente técnico, lo que más me enorgullece de este proyecto es su dimensión humana y educativa: recibir mensajes de usuarios que decían sentirse acompañados y motivados a través de la plataforma. Esa es, en esencia, la misma lógica que intento aplicar en la gestión sanitaria: crear sistemas que verdaderamente acompañen y empoderen.

3.  Desde tu perspectiva, ¿cómo ves el futuro de la gestión sanitaria y qué consejos darías a otros jóvenes interesados en seguir este camino profesional?

El futuro de la gestión sanitaria se enfrenta a desafíos apasionantes y complejos. La transformación digital, la atención personalizada y la sostenibilidad del sistema son ejes fundamentales, pero todos ellos deben construirse sobre una base común: la humanización. En palabras de un buen amigo y mentor “no podemos conseguir un resultado efectivo si no hacemos que los pacientes y sus familias sean parte activa del proceso”. Humanizar no es un complemento estético de la gestión, sino su columna vertebral.

Visualizo un sistema sanitario donde los hospitales y centros de salud sean entornos amables, accesibles y participativos; donde la tecnología sea una aliada que libera tiempo para cuidar, y no una barrera que aleja; donde la experiencia del paciente se mida con la misma importancia que los indicadores asistenciales. Y donde se recupera al profesional como valor, un valor intangible que permita seguir cuidando.

Como gestora, mi apuesta es por un liderazgo participativo, empático y ético, que conjugue la evidencia científica con la sensibilidad humana. Los próximos años exigirán directivos capaces de navegar la complejidad, promover la innovación y mantener el propósito de cuidar.

A los jóvenes gestores sanitarios, les diría cinco cosas:

  1. Cultivad la vocación de servicio. La gestión no es un ejercicio de poder, sino de responsabilidad. Dirigir es servir, y hacerlo bien significa mejorar la vida de otros.
  2. Aprended de todos los niveles del sistema. Desde la consulta hasta la alta dirección. Cada engranaje enseña.
  3. Apostad por la innovación con sentido humano. Preguntaos siempre: ¿esto mejora la experiencia del paciente o del profesional? Si la respuesta es sí, estáis en el camino correcto.
  4. Rodeaos de personas inspiradoras. Buscad espacios donde compartir, aprender y construir juntos el futuro de la gestión.
  5. No perdáis la empatía. En los momentos de mayor presión, cuando todo se mide en resultados, recordad que detrás de cada dato hay una persona, una historia y una emoción.

La gestión sanitaria es, en el fondo, una forma ampliada de ejercer la medicina. Es cuidar desde la organización, liderar desde la escucha y transformar desde la cercanía. Y si logramos que cada proceso, cada innovación y cada decisión se haga preguntándonos “¿cómo lo hacemos más humano?”, estaremos construyendo un sistema más sostenible, justo y digno para todos.