Paula Gómez-Vela, arquitecta y doctora en Biomedicina, especialista en Arquitectura para la Salud basada en evidencia científica y la humanización de entornos, analiza cómo el diseño de los espacios sanitarios puede mejorar la salud y el bienestar de pacientes y profesionales.
NEUROARQUITECTURA Y Evidencia científica hoy: HERRAMIENTAS DE MEJORA EN LA GESTIÓN SANITARIA
- El programa Microformación de la Fundación aborda, siguiendo literatura científica reciente, cómo el diseño de los espacios sanitarios con estrategias más allá del cumplimiento normativo puede convertirse en una herramienta para mejora de la salud y bienestar, y de gestión mejorando los NPS (Net Pacient Score) de los centros.
- Paula Gómez-Vela explica cómo una intervención cromática y de biofílica en una unidad de Oncología se asoció con una mejora estadísticamente significativa, en la percepción de salud de los pacientes. Y como en las variables fisiológicas se observaron diferencias medias favorables sobre reducción de estrés.
- Y cómo tras intervenciones en la iluminación y color con elementos biofílicos, en una unidad pediátrica la calidad asistencial del hospital registró una reducción del 20 % en el tiempo hasta obtener alivio del dolor agudo, junto con mejoras en la percepción del tiempo de espera, la calidad asistencial y el trato recibido.
- Puede ver el vídeo completo en ESTE LINK.
Madrid, 18 de septiembre de 2026.- El entorno físico de los espacios sanitarios ha dejado de ser un elemento meramente estético para convertirse en una herramienta con efecto directo sobre la salud y el bienestar de pacientes y profesionales. “No nacimos plantas de interior. Como especie, si queremos tener un poco más de salud, los estudios desde hace décadas en psicología ambiental y hoy la neurociencia, nos animan a relacionarnos más con la naturaleza, ya que encuentran con su estimulación multisensorial, entre otros, un efecto beneficioso sobre nuestro sistema nervioso, ayudando a restaurar nuestra atención y colaborando en la reducción de estrés. Algunos estudios indican que: ya solo 15 minutos, ayudan a reducir la actividad de la corteza prefrontal, y avanza la literatura sobre la reducción de los niveles de fatiga, ansiedad, depresión e incluso confusión”, destaca Paula Gómez-Vela, arquitecta y doctora en Biomedicina, especialista en arquitectura humanizada para la salud, en el nuevo vídeo publicado por la Fundación Española de Directivos de la Salud, Fundación SEDISA, dentro de nuestro programa Microformación de la Fundación.
El programa Microformación de la Fundación nace con el objetivo de continuar formando a los Directivos y Directivas de la Salud a través de las voces de expertos de diferentes ámbitos que, en cada una de las formaciones, resaltan la importancia del papel del Directivo de la Salud. En palabras de Joaquín Estévez, Presidente de la Fundación SEDISA: “El entorno en el que atendemos a nuestros pacientes también forma parte de la terapia. Invertir en espacios que cuiden a quienes cuidan y a quienes son cuidados no es un lujo, es una decisión de gestión con impacto directo en los resultados en salud”.
De lo patogénico a lo salutogénico: cumplir la norma no basta
Gómez-Vela subraya que, ante un entorno interior, lo primero es localizar los elementos que pueden perjudicar la salud, esto es: elementos patogénicos especialmente en edificios antiguos, asegurando que no sean “edificios enfermos”, y en unidades con los pacientes más vulnerables: encamados o no verbales (que no se pueden quejar y dependen de nosotros para asegurar que el entorno no perjudica su bienestar). Esto es, revisar niveles adecuados en calidad del aire, presencia de compuestos orgánicos volátiles, temperatura, humedad y ventilación, iluminación suficiente y sin reflejos ni deslumbramientos; ergonomía y, en las zonas en sótano, niveles de radón. “Cumpliendo la normativa vigente tendríamos todo bastante resuelto, pero lamentablemente cumpliendo normativa a veces conseguimos cosas que no son lo ideal. No deberíamos centrarnos en diseño solo en lo patogénico, sino también en lo salutogénico: qué estrategias pueden ayudar a mejorar nuestro entorno con salud y bienestar”, explica.
Las cuatro estrategias del healing environment: Naturaleza (Biofilia), luz, color y silencio
La experta repasa la evidencia acumulada desde el conocido artículo de Ulrich publicado por la revista Science en 1984 sobre el beneficio de la presencia de naturaleza en entornos sanitarios, pasando por la revisión de 2008 del Center for Health Design que relacionó estrategias de diseño con resultados de salud: reducción de infecciones, del dolor y del estrés, mejora de la calidad del sueño, menor estancia hospitalaria y mayor satisfacción del paciente; y, en el personal, menos lesiones, errores, estrés y burnout. Hasta literatura incipiente de neurociencia y nuevas líneas de investigación, localizando cuatro estrategias clave, resume, son Naturaleza (biofilia), Luz, Color y Silencio.
En su propia tesis doctoral en Biomedicina, Gómez-Vela estudió el efecto del color y la biofilia en pacientes oncológicos como si el entorno físico fuera un fármaco, con un estudio de medidas repetidas en el que cada paciente se comparaba consigo mismo y se aleatorizó el orden de exposición. “Nuestra hipótesis era que un entorno cromático cálido podía tener un efecto beneficioso para nuestros pacientes tratados con determinados tipos de quimioterapia como el platino, frente a un entorno frío. Encontramos que, a nivel de percepción de salud, nuestros pacientes percibían una salud mejor en las salas cálidas frente a las frías, que es como suelen estar diseñadas la mayoría de las unidades donde se recibe quimioterapia en nuestro país”, señala. La primera etapa del estudio fue publicada en la revista internacional indexada y revisada por pares Supportive Care in Cancer. Las etapas posteriores tuvieron que interrumpirse por la pandemia y no alcanzaron significación estadística, aunque se observaron diferencias medias favorables en algunas variables fisiológicas, como la tensión arterial, la temperatura corporal y el cortisol.
De la unidad del dolor a la unidad del color
Gómez-Vela pone como ejemplo la adecuación de una unidad de tratamiento del dolor que atiende a 6.000 niños al año, realizada en solo dos fines de semana para no interrumpir la actividad asistencial. “Transformamos la Unidad del Dolor en la Unidad del Color. Cambiamos la iluminación y los materiales del entorno con temática biofílica evitando los colores oscuros (paredes, camilla, lámpara de tratamiento…) y, la auditoría externa de calidad asistencial del Hospital, encontró, tras la adecuación, que había habido una mejora en el tiempo hasta obtener alivio en el dolor agudo de los niños de un 20%, una mejora en la percepción en calidad asistencial y trato recibido, y la reducción del tiempo de espera (cuando los procedimientos y el personal eran los mismos)”.
Diseñar para la neurodiversidad y evitar el edadismo
La arquitecta advierte de que los espacios sanitarios suelen diseñarse pensando en personas neurotípicas, sin tener en cuenta en muchas ocasiones la neurodiversidad (TEA, TDAH, deterioro cognitivo…) o su percepción sensorial alterada respecto a la típica (hipersensibilidad o hiposensibilidad auditiva, visual: cataratas, degeneración macular, percepción diversa del color…). En España, más del 20% de la población es mayor de 65 años. El Ministerio de Sanidad recoge una prevalencia estimada de demencia de entre el 5,9 % y el 9,4 % en la población mayor de 65 años y el declive cognitivo subjetivo aunque sea leve, se data también en las personas mayores cognitivamente normales; esto es mucha población que visita nuestros hospitales con frecuencia. Por otro lado, en perfil pediátrico, la identificación y el diagnóstico del autismo han aumentado notablemente en los últimos años, lo que refuerza la necesidad de considerar las diversas necesidades sensoriales y cognitivas en los entornos sanitarios. ¿Los tenemos presentes al diseñar nuestros hospitales, empleamos estrategias de diseño que colaboran en su bienestar? “A veces nos encontramos con señalética con iluminación insuficiente, con transformadores que emiten zumbidos, o luminarias que parpadean, letras de tamaño reducido, ausencia de contraste de colores o carteles fuera de la altura de la vista. Muchos edificios antiguos presentan deficiencias de acondicionamiento acústico en sus salas de espera o pasillos. Todo esto puede causar aumento de estrés dificultando la experiencia hospitalaria de los pacientes, sus familiares y el personal, y más cuando tienen neurodiversidad o deterioro cognitivo”, advierte. Publicaciones recientes, ha estudiado el efecto de elementos perjudiciales del entorno hospitalario en niños autistas durante su paso en el hospital, identificando la luz y el ruido, como los elementos que más malestar les generaban, lo que refuerza desde la evidencia, la necesidad de una accesibilidad universal que cuide el entorno hospitalario. ¿Y si lo tenemos en cuenta en las guías de diseño para crear hospitales preparados que aseguren el bienestar para todos? Esto además facilitará la tarea de nuestros sanitarios.
La clave está en la creatividad, no en el gasto
Gómez-Vela concluye con tres recomendaciones para las organizaciones sanitarias: formar bien a los equipos, incorporar la mirada multidisciplinar en la toma de decisiones (gestión, medicina, enfermería, pacientes, familiares, ingeniería-arquitectura), e incluir los requerimientos de un entorno adecuado siguiendo lo recomendado en la literatura científica, en los pliegos de los concursos, siguiendo la línea de los planes de humanización de la asistencia sanitaria, como el de la Comunidad de Madrid. “No es tanto una cuestión de euros como de creatividad y aprovechar cada necesidad de cambio como una oportunidad de mejora”, resume, antes de cerrar su intervención con una cita de Florence Nightingale, precursora de la enfermería moderna y pionera en 1850 en defender la necesidad de cambiar el entorno para mejorar la salud de las personas en los hospitales: “lo importante no es lo que hace el destino, sino lo que nosotros hacemos con él”.
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Sobre Fundación SEDISA
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