Humanización, Derechos y Enfoque Comunitario: los retos ineludibles de la gestión de la salud mental

Diana Molina Villaverde, Directora Gerente del Hospital Universitario Rodríguez Lafora, analiza el cambio de paradigma: de la institucionalización al modelo de recuperación.

  • El programa Microformación de la Fundación aborda la complejidad de dirigir organizaciones sanitarias donde convergen vulnerabilidad, estigma y derechos.
  • En España un 34% de la ciudadanía tiene problemas de salud mental, porcentaje que sube al 40% en mayores de 50 años y alcanza un escalofriante 50% en mayores de 85 años.

Madrid, 27 de mayo de 2026.- La Salud Mental ha dejado de ser un tema periférico para convertirse en una prioridad ineludible en la agenda sanitaria y social. Sin embargo, su gestión conlleva una complejidad única que exige un liderazgo a la altura. “Si hay un ámbito que se entremezcla en vulnerabilidad, complejidad, estigma y derechos, es este. No es una receta, es una propuesta para repensar la gestión, porque durante décadas la Salud Mental ha sido la cenicienta de los sistemas sanitarios, con escasa financiación, baja prioridad política y un modelo excesivamente dirigido hacia la institucionalización”, destaca Diana Molina Villaverde, Directora Gerente del Hospital Universitario Rodríguez Lafora, en el nuevo vídeo publicado por la Fundación Española de Directivos y Directivas de la Salud (Fundación SEDISA) dentro de nuestro programa Microformación de la Fundación.

El programa Microformación de la Fundación nace con el objetivo de continuar formando a los Directivos de la Salud a través de las voces de expertos de diferentes ámbitos que, en cada una de las formaciones, resaltan la importancia del papel del Directivo de la Salud. En palabras de Joaquín Estévez, Presidente de la Fundación SEDISA: “A menudo olvidamos que una buena gestión también salva vidas. Tomar las decisiones organizativas correctas, apostar por modelos comunitarios y liderar el cambio en áreas tan sensibles como la Salud Mental tiene un impacto directo, profundo y vital en la supervivencia y recuperación de los pacientes”.

De la “cenicienta” al modelo de recuperación

En su intervención, Molina Villaverde contextualiza la magnitud del desafío con datos contundentes que obligan a la acción: según la OMS (Organización Mundial de la Salud), una de cada ocho personas en el mundo vive con un trastorno mental.

Ante esta realidad, la experta aboga por un cambio radical en el modelo de gestión. “Estamos transitando de un modelo hospitalocéntrico, basado en el paternalismo y la beneficencia, hacia un modelo comunitario de recuperación y de derechos”, explica. Este nuevo enfoque no busca solo la remisión clínica de los síntomas, sino que la persona pueda recuperar su proyecto de vida. Esto implica para nosotros, los Directivos de la Salud, el reto mayúsculo de diseñar estructuras que favorezcan la continuidad de cuidados y la integración real en la comunidad, rompiendo los muros del hospital.

Seguridad, dignidad y experiencia del paciente

La gestión en este ámbito requiere redefinir conceptos clave como la seguridad del paciente. Según detalla la Directora Gerente del Hospital Rodríguez Lafora, aquí la seguridad va mucho más allá de evitar errores clínicos o del uso seguro del medicamento: “Hablamos de la prevención del suicidio, de la reducción de medidas coercitivas y de la detección de riesgos, pero siempre basándonos en el respeto absoluto a la autonomía del paciente”.

Molina incide especialmente en la importancia de medir la experiencia del paciente y los resultados comunicados por ellos mismos (PREMs, Patient-Reported Experience Measures y PROMs, Patient-Reported Outcome Measures). Estas métricas nos permiten no solo detectar fallos en los procesos, sino evaluar la percepción de dignidad y la adecuación del trato recibido. “Hemos aprendido que la gestión de la salud mental implica lidiar con sufrimiento, incertidumbre y trayectorias vitales. Además de administrar recursos, tenemos que crear marcos de sentido; además de utilizar métodos, tenemos que tener coraje y escuchar; y además de innovar, debemos romper inercias y redistribuir el poder”, asevera con contundencia.

Sobre el porvenir de nuestras organizaciones, concluye con una visión esperanzadora pero exigente: “El futuro es de todos y tiene muchas manos. Es comunitario, con redes de apoyo cercanas; es digital, con tecnología orientada al vínculo; y, sobre todo, es humano, con profesionales comprometidos y cuidados”.

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