La geriatría afronta retos modernos
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Greorio Jimenez Díaz, geriatra, vocal de la Junta Directiva de la SEGG
El reto demográfico planteado en los últimos tiempos con el progresivo envejecimiento de la población y la manera en que los sistemas de salud se deben enfrentar a este desafío ha puesto de relieve el papel de la Geriatría y los retos a los que a su vez esta debe de hacer frente.
En este momento, el 19.3% de la población española es mayor de 65 años y cuenta con una esperanza de vida en torno a 21 años, sin olvidar que el grupo de los mayores de 80 años conforma ya 6.5% de la población y con unas marcadas expectativas de crecimiento en los próximos años. Pero este envejecimiento de la sociedad hay que observarlo desde un prisma positivo y no considerarlo como un problema sino como un reto, contemplarlo no como un motivo de preocupación, sino como una necesidad de superación. Desde un punto de vista asistencial, el sistema sanitario español ha sido testigo de una lenta y muy asimétrica implantación de servicios de geriatría en la red hospitalaria, hasta tal punto que hasta hace muy poco tiempo alguna comunidad autónoma no tenía recogida todavía la especialidad dentro de su cartera de servicios. La geriatría hospitalaria es una evidencia científica demostrada hace muchos años y no sería razonable permitir, en uno de los países más envejecidos del mundo, no disponer de ella en todos los hospitales generales. Cubrir las futuras necesidades de estos recursos, supondrá un reto en el campo de la formación y la capacidad para formar los especialistas, tanto médicos como profesionales de enfermería, que se van a requerir para afrontar este desafío demográfico y asistencial. En las dos últimas décadas se ha registrado un aumento del número de centros con capacidad docente reconocida para la formación especializada, aunque con una distribución geográfica muy irregular; en este sentido, debemos considerar un hito el reconocimiento oficial en el año 2010 de la especialidad de enfermería geriátrica.
Otro reto de nuestra especialidad en el ámbito de la formación se sitúa en el campo de la enseñanza universitaria. En la formación en Medicina y a pesar de que la normativa vigente reconoce que los programas de pregrado deben incluir contenidos geriátricos, su incorporación real dentro de estos programas es muy escasa, lenta y desigual; además, con frecuencia comprobamos cómo la docencia directa es asignada a profesionales ajenos al mundo de la Geriatría. Por todo ello, en los próximos años se debería conseguir la incorporación de la Geriatría en todos los programas de pregrado de Medicina y aumentar el número de profesores universitarios de la especialidad.
Junto a los retos de la consolidación de la asistencia y de la formación, encontramos que, en la faceta asistencial, la especialidad está demostrando el valor de la transversalidad y de su capacidad para sumar su carácter multidisciplinar a otras especialidades. En las últimas décadas se viene comprobando cómo el sistema sanitario se debe enfrentar al problema de la cronicidad y de la dependencia en el que el geriatra, tanto por conocimientos como por actitud, está demostrando que debe jugar un importante papel en su manejo y prevención. La Geriatría ha venido demostrando la importancia de la valoración de los grandes síndromes geriátricos, su capacidad para manejar de forma adecuada, eficaz y eficiente al paciente mayor complejo y muy significativamente el haber puesto en primera línea en los últimos años el concepto de fragilidad, término que ahora parece muy novedoso para muchas otras especialidades, pero clave en la medicina geriátrica y la importancia tanto de su valoración como de la prevención de sus consecuencias.
Sin embargo, no debemos olvidar que quedan retos titánicos añadidos a las anteriores cuestiones más asistenciales, como es el abordaje del modelo de atención a los más dependientes. La pandemia de COVID-19 ha conseguido enfrentar a la sociedad española a las terribles consecuencias que conlleva un sistema de cuidados de larga duración con enormes debilidades. Las experiencias pasadas nos tiene que llevar a preguntarnos cómo vamos a transformar los centros residenciales para afrontar estas necesidades, cómo vamos a potenciar los servicios domiciliarios para permitir que la persona con dependencia pueda permanecer más tiempo en su entorno, cómo vamos a facilitar que las personas que reciben los cuidados puedan tomar decisiones sobre su futuro o cómo vamos a conducir la integración de los servicios sanitarios y sociales. Además, no hay que olvidar que para hacer frente a este desafío también ha llegado el momento de intensificar todas las actuaciones que promuevan la promoción de la autonomía y la prevención de la dependencia, para lo que es preciso implicar a profesionales de muy diferentes campos.
Es evidente que el envejecimiento plantea muchos más retos a nuestra sociedad, tanto desde el punto de vista los últimos avances médicos, como sociales al plantearnos, por ejemplo, cómo aprovechar el talento de las personas mayores, cómo luchar contra la discriminación o la desigualdad a la que se pueden ver abocados o como integrarlos de forma activa en nuestros barrios y comunidades. El interés de la sociedad y de los pacientes por la Geriatría y el quehacer del geriatra se ha venido incrementando progresivamente, tanto de la mano del reto demográfico como de las expectativas que se ponen sobre nuestra actividad. Por eso, nuestra especialidad no puede fallar al afrontar estos retos.
