Las listas de espera se pueden controlar con gestión eficaz de los recursos disponibles
José Antonio Moreno
En directivos
En general, se acepta que las listas de espera aparecen cuando la demanda supera la oferta de servicios sanitarios. Serían la consecuencia de las leyes del mercado que rigen la oferta y la demanda, en situaciones de exceso de demanda, cuando el precio no interviene en su regulación. Pero también se acepta que el consumo de servicios sanitarios no se rige por las leyes del mercado. Igualmente, se sabe que en el mercado sanitario la demanda no es una variable que influya en el consumo, y que solo la oferta interviene en el mismo. Se debe a que quien decide el consumo es el propio sistema sanitario a través, fundamentalmente, de las indicaciones de los facultativos sobre el uso de los medios y recursos disponibles.
Pero si las listas de espera no son consecuencia del desequilibrio entre oferta y demanda ¿a qué se deben? ¿cuándo aparecen? ¿cómo se generan? Según los datos conocidos, y también la experiencia en la gestión de las mismas, creo que las listas de espera son consecuencia del efecto producido por el desequilibrio entre diferentes ofertas de servicios, la falta de equilibrio en la cadena asistencial de los pacientes y la anómala distribución de los recursos disponibles.
Las listas de espera son consecuencia de la existencia de cuellos de botella en el Sistema Nacional de Salud (o regional, local o institucional). Más oferta en Atención Primaria de la que puede absorber la Atención Especializada. Más oferta de consultas externas de la que puede absorber la hospitalización o la cirugía ambulatoria. Más camas que los quirófanos correspondientes. Más plantilla que puestos de atención (en urgencias) o viceversa.
Estos cuellos de botella se producen porque no se manejan los datos que permiten eliminarlos e incluso identificarlos (desenmascararlos) y, sobre todo, medirlos. Pocos gestores miden la capacidad de las unidades funcionales que gestionan. La capacidad de una consulta, un consultorio, un quirófano, un servicio de urgencia o de radiología, etc. Tampoco se mide la capacidad asistencial de los recursos humanos, cuántas consultas puede atender un facultativo en una hora o en una jornada laboral, sin sobrecarga de trabajo, con normalidad.
Además de la capacidad asistencial de los recursos disponibles, hay otro dato necesario para eliminar los cuellos de botella que se producen por estos desequilibrios en la oferta de asistencia sanitaria. Es el correspondiente al criterio diagnóstico que determina un nuevo proceso asistencial, que se hace muy difícil de manejar por la enorme variabilidad en los criterios de actuación de los facultativos. En el servicio de oftalmología del hospital concreto, por ejemplo, ¿cada cuántas primeras consultas se hace la indicación de intervención quirúrgica por cataratas? Conocido este dato y la disponibilidad de quirófano para ello, se eliminará el cuello de botella y la lista de espera correspondiente, ajustando las horas de consulta y de quirófano.
La lista de espera es una especie de reservorio de pacientes, cuyo depósito tiene una entrada y una salida. Generalmente, se suele actuar en la salida, aumentando la actividad, es decir la oferta de servicios (peonadas, conciertos, horario de tarde, etcétera). Está demostrado que la oferta de servicios estimula el consumo. Si aumenta la oferta el consumo crece más que proporcionalmente y en lugar de disminuir, las listas de espera crecen.
Para controlar las listas de espera hay que actuar en la entrada, es decir que es preciso disminuir el número de enfermos que engrosan esa lista de espera. Esto puede parecer poco recomendable desde el punto de vista ético, pero no lo es, pues al final del proceso el número de casos resueltos crece y la salud de la población y la calidad de vida de la población enferma mejoran. Se trata de utilizar todos los recursos disponibles más inteligentemente, distribuyéndolos mejor, eliminando desajustes y cuellos de botella. Cuando el profesor Palacios era Subsecretario de Sanidad, con su exquisita cordialidad nos recibió a mi jefe (el Sr. Obispo de la MIA del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona) y a mí, que íbamos a pedirle … justicia. A la salida el Sr. Obispo le dijo: profesor Palacios, justicia diferida igual a injusticia. Por el mismo motivo, ¿de qué sirve diagnosticar si no se puede curar?
Conocer la capacidad de las unidades funcionales y las cargas de trabajo de los facultativos, sus tasas de rendimiento y los criterios diagnósticos o datos estadísticos de las indicaciones para ingreso en las listas de espera de los facultativos. Conocer con precisión las dimensiones de todos los recursos disponibles, materiales y humanos. Manejar herramientas de ajuste de las diferentes capacidades asistenciales de las unidades funcionales que intervienen en un mismo proceso asistencial y tomar las decisiones de ajuste pertinentes. Las listas de espera quedarán controladas. Esta metodología de trabajo, aplicada con un liderazgo inteligente y participación de los facultativos implicados, ha conseguido que las listas de espera quedaran bajo control.
