Conceptos para una reforma sanitaria del siglo XXI

Conceptos para una reforma sanitaria del siglo XXI

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El objetivo conceptual de una reforma en la gestión global de la sanidad sería evolucionar desde un modelo de Sistema Sanitario hacia un Sistema de Salud, donde la atención integrada sea el modus operandi que impulse una mejor coordinación, entre todas las partes actoras y niveles asistenciales del ecosistema sanitario, para garantizar el abanico de necesidades tanto sanitarias como sociosanitarias en su irrenunciable interacción:

  • Educación (es primordial en los niveles de enseñanzas obligatorias inculcar el uso responsable de los recursos públicos en general y sanitarios en particular),
  • Promoción (a todas las edades y en todos los medios de comunicación posibles, fomentando hábitos saludables y corresponsabilidad en el autocuidado),
  • Prevención (con todas las herramientas y procedimientos técnicos que hayan sido o vayan siendo validados científicamente y en los foros de salud pública, ej. cribados),
  • Atención primaria (centros de salud y su ámbito de actuación, donde se incluirían los centros de mayores y la salud mental comunitaria, coordinación con oficinas de farmacia para control de cronicidad y actuaciones en salud pública, desarrollando una coordinación interniveles, ágil y trazable, centrada en el itinerario de los pacientes),
  • Secundaria (áreas sanitarias con hospitales de primer y segundo nivel, donde podríamos ubicar el complemento para necesidades de salud mental institucionalizada sin perder la vocación integradora, así como con planes asistenciales específicos para zonas de difícil cobertura, impulsando la práctica del “acto único” asistencial),
  • Terciaria (hospitales regionales, de tercer nivel y máxima complejidad, con una cartera de servicios distribuida de forma eficiente),
  • Urgencias coordinadas a todos los niveles dotadas de tecnología móvil de teleconsulta y telemedicina, interconectadas online con centros de referencia presenciales, según protocolos jerarquizados de necesidad asistencial, con capacidad de trasladar o movilizar los recursos adecuados en cualquier momento.  Reformulación de los planes sanitarios de urgencias y emergencias de protección civil, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, etc. para integrarlos en una planificación general con todos los recursos existentes y para todas las contingencias,
  • Apoyo para la autoasistencia con gestión adecuada de la dependencia (enfocando la cronicidad en todas sus variantes y posibles ubicaciones del paciente: domicilio, centros residenciales y/o unidades específicas de corta estancia)
  • Y paliativa (acompañamiento en las últimas etapas de nuestro ciclo vital).

Diagnóstico precoz, tratamiento, curación y rehabilitación constituyen el núcleo de la praxis médica habitual, si bien la integralidad nos exige extendernos en el antes y el después de estos momentos, más allá de lo convencional, para impactar con mayor alcance sobre la salud desde una concepción holística, con implementación decidida de conocimientos en genómica y su transferencia clínica, en terapias con biosimilares y otros fármacos innovadores, inmunoterapia, nanorobótica, IA y learning machine.

La transformación digital, soportada por la tecnología en general y la inteligencia artificial en particular, debe ser elemento referente de accesibilidad y comunicación bidireccional con el ciudadano, así como de cualquier procedimiento diagnóstico y terapéutico, mediante algoritmos, aplicativos y/o dispositivos electromédicos adaptados al uso clínico, que deben ser considerados como herramientas de presente y no de futuro, pues existen múltiples ejemplos donde el uso de estos recursos bien salva vidas o la hace más amigable con seguridad para el paciente y coste-efectividad para el sistema.

Promover una vida sana, garantizando el bienestar y la atención de la enfermedad, en todas su expresiones y a todas las edades, son la base para favorecer la construcción de nuestra sociedad, siempre como ELEMENTO DE CONSENSO Y NUNCA DE CONFRONTACIÓN e idealmente refrendado como pacto político “de Estado” (entendido como ámbito de aplicación, si bien la salud no tiene fronteras), para afrontar la inmersión definitiva en el siglo XXI, siendo irrenunciable incorporar toda la experiencia y el aprendizaje tanto de las últimas décadas como de nuestro pasado más reciente, especialmente en lo referente a Salud Pública, para trabajar definitivamente el concepto “OneHealth” (enfoque centrado en la interconexión entre la salud de las personas, los animales y los factores del medio ambiente… Ej. Covid-19, otras zoonosis y afecciones).

Lo anterior debe ser desarrollado en un complejo entorno poliédrico, donde hay que considerar los siguientes aspectos clave:

–Humanización en los procesos asistenciales, cultura de seguridad del paciente y monitorización/aprendizaje de la satisfacción/experiencia del paciente,

-Accesibilidad, para que el ciudadano pueda disponer de la atención que precise de la forma más ágil y garantista posible, sean servicios asistenciales, sean procesos administrativos,

–Desarrollo profesional, formación continuada, salud laboral, prevención de riesgos (planes efectivos contra las agresiones), sistemas de selección / retención del talento en trabajadores sanitarios basado en la meritocracia (simplificación de las bolsas de empleo con actualizaciones permanentes), así como políticas consensuadas de retención, estabilización, retribución y calidad en el empleo,

–Calidad asistencial con publicación de indicadores homologados en un entorno de eficiencia y transparencia,

–Investigación e innovación permanente en simbiosis con universidades y empresas,

–Profesionalización directiva, con exigencia de gestión y comportamiento ejemplares, al tiempo que reconocimiento de la responsabilidad y esfuerzo asumidos… Los gestores son el primer eslabón del sistema para ayudar a mejorar y salvar vidas.

Es obligación reconocer siempre la importancia singular de los profesionales que conforman un equipo humano multidisciplinar al servicio del bienestar general y, junto con ellos, la actitud constructiva en el uso de los servicios públicos de la práctica totalidad de ciudadanos.  Hay que poner en valor también a colegios profesionales, sociedades científicas, universidades y otras instituciones docentes, representantes de los trabajadores, organizaciones empresariales, asociaciones de pacientes y otros foros de la sociedad civil, administraciones locales, autonómicas y estatales, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, ONG’s e instituciones sin ánimo de lucro, mecenazgos privados, colaboraciones internacionales y cualquier actor que pueda ser referenciado como parte interesada en el ecosistema sanitario que, si bien debamos afrontar la redefinición del sistema público desde sus cimientos aprovechando lo mucho bueno que existe, necesitamos dar el paso cualitativo para dotarlo de mayores oportunidades de desarrollo.

Todo ello sin renunciar, descartando argumentos ideológicos sin fundamentos económicos ni profesionales, a una colaboración público-privada con interoperatividad efectiva, que potencie la equidad y la accesibilidad, con resultados eficientes y estándares de calidad monitorizada.  El diálogo, la transparencia y la rendición de cuentas deben formar parte de un compromiso firme con la sostenibilidad económica y medioambiental, para que puedan percibirse con claridad en todas y cada una de las actuaciones de los gestores sanitarios y técnicos competentes.

Retos a afrontar… ¿Para qué cambiar?

Explicitar que la sociedad ha abrazado nuevos paradigmas, que los progresos científicos y tecnológicos hacen que el mundo evolucione de forma exponencial en todos los sentidos, es ya un lugar común que estamos cansados de escuchar y repetir… Pues, con todo, ha llegado el momento de encarar de forma decidida, a la vez que flexible y ágil para no encallar en el intento, todos los retos que plantea esta sociedad del siglo XXI donde las telecomunicaciones y el internet han quedado como hitos del siglo pasado para dar paso a innovaciones y desarrollos que han dejado de ser ciencia ficción para inundar nuestra vida cotidiana.

El modelo social está en ebullición constante con la movilidad individual, las migraciones que en pocas generaciones provocan transformaciones irreversibles y a veces imprevisibles que hay que asimilar, los conflictos armados que adoptan una nueva dimensión, así como el llamado terrorismo tecnológico, que amenaza con desconectadnos de nuestra cotidianeidad con apagones y extorsiones de actores que no llegamos a dimensionar y apenas intuir.

Los retos concretos que debemos abordar y en los que coinciden todos los análisis referentes a sistemas sanitarios serían:

  • Necesidades demográficas del siglo XXI: pirámide de población, envejecimiento y longevidad, así como inmigración y su impacto en el sistema sanitario y sociosanitario,
  • Nuevos modelos de convivencia y estructura familiar que demandan atenciones específicas en forma de nueva cartera de servicios asistenciales en una sociedad abierta, tolerante y democrática,
  • Expectativas crecientes de los ciudadanos frente a las prestaciones sanitarias derivadas de la accesibilidad a la sanidad universal (en su definición técnica vs geográfica o política), sostenida por impuestos y por cotizaciones, pero gratuita o con copagos simbólicos (como ocurre en la prestación farmacéutica) en el momento de su uso, que requiere redefinición de recursos y servicios para mantener el sistema público en términos de sostenibilidad económica (en definitiva, gobernar con recursos limitados para una demanda que en la práctica se muestra sin horizonte de estabilización),
  • Incremento de la esperanza y la calidad de vida, como consecuencia de la progresión en el “estado del bienestar”, cuyos beneficios sociales y tecnológicos modifican de generación en generación la adaptación al envejecimiento y forma de vida en los diferentes tramos etarios, esencialmente en el entorno de “países occidentales”.
  • Avances exponenciales en el tiempo en tecnología y métodos diagnósticos (especial atención al nivel genético, tratamientos innovadores e IA), que hay que asimilar incorporándolos con criterios científicos y de gestión a la cartera de servicios,
  • Redefinición y propuesta de gobernanza del sistema, considerando y tomando conciencia del marco competencial que definan los Estatutos de Autonomía, la Ley General de Sanidad y otras disposiciones normativas concurrentes, que sin duda hay que evolucionar para el desarrollo de los nuevos escenarios.
  • Revisión del mapa sanitario y sistemas de urgencias en todos sus niveles asistenciales y ámbitos geográficos (nacionales e internacionales), considerando las citadas nuevas tecnologías que obligan a redefinir el concepto accesibilidad.

Como conclusión, lo expuesto anteriormente en términos muy generales requiere un desarrollo realmente complejo y, sobre todo, una actuación decidida que vertebre voluntades, recursos y actuaciones… La dificultad no lo hace imposible, sino ilusionante en el empeño de superar discursos teóricos con realidades socialmente responsables.

Miguel Ángel Guzmán Ruiz. Médico de Familia y Especialista en Medicina del Trabajo. Doctor en Medicina y Cirugía. Director Gerente del Servicio Andaluz de Salud (2019 a 2022)