María Hoyos Vázquez. Directora de Gestión y Servicios Generales en la Gerencia de Atención Integrada de Albacete (SESCAM). Presidenta de la Agrupación territorial de SEDISA Castilla-La Mancha
¿Cuáles son los retos que definirán el futuro de nuestras organizaciones de salud? La Hoja de Ruta 2026 en Gestión Sanitaria, un proyecto conjunto de SEDISA e iSanidad, reúne a una destacada red de directivos multidisciplinares para dar respuesta a esta pregunta. Una iniciativa colaborativa que transforma la experiencia directiva en una guía estratégica fundamental para liderar la sanidad que viene.
La gestión sanitaria atraviesa un momento decisivo. En un contexto de creciente complejidad, limitación de recursos y plena transformación, los equipos directivos tenemos la responsabilidad de anticiparnos y actuar con determinación. No se trata solo de sostener el sistema, sino de hacerlo evolucionar sin perder su esencia: un servicio público, universal y de calidad.
Uno de los principales retos es, sin duda, la sostenibilidad del sistema. El envejecimiento de la población, la cronicidad y el incremento de la demanda obligan a repensar cómo organizamos los recursos. La eficiencia ya no es una opción, sino una obligación ética. Resulta prioritario avanzar en modelos de gestión basados en resultados en salud, reforzando la evaluación continua, la transparencia y la rendición de cuentas. No basta con hacer más, hay que hacerlo mejor y con mayor impacto.
La innovación es otro eje clave. Pero innovar no es únicamente incorporar tecnología, sino también transformar procesos y cultura organizativa. La digitalización, la interoperabilidad de sistemas y el uso inteligente de los datos deben ponerse al servicio de la toma de decisiones clínicas y de gestión. A corto plazo, es imprescindible consolidar herramientas que permitan una mejor coordinación entre niveles asistenciales y una atención más personalizada. En territorios como el nuestro, donde la dispersión geográfica forma parte de la realidad cotidiana —sabemos bien lo que es recorrer kilómetros entre pueblos—, la tecnología puede y debe ser una aliada para acercar la sanidad a las personas.
Ligado a lo anterior, la calidad asistencial sigue siendo el eje vertebrador de cualquier actuación. La seguridad del paciente, la humanización de la atención y la experiencia de la persona deben integrarse en todos los niveles de la organización. Para ello, es necesario reforzar los sistemas de gestión de calidad, fomentar la cultura de mejora continua y dar voz a profesionales y pacientes. Escuchar es, muchas veces, la mejor herramienta de gestión.
Otro desafío ineludible es el relevo generacional. Nos encontramos en un momento en el que conviven distintas formas de entender el trabajo, el liderazgo y el compromiso profesional. Atraer y fidelizar talento joven requiere adaptar los modelos organizativos, ofrecer oportunidades de desarrollo y promover entornos laborales saludables. El liderazgo debe evolucionar hacia modelos más participativos, basados en la confianza, la corresponsabilidad y la comunicación. En este camino, el impulso del ámbito asociativo y el trabajo compartido entre directivos sanitarios, como el que venimos promoviendo en Castilla-La Mancha, está demostrando ser una palanca clave para generar conocimiento, cohesión y visión estratégica.
En paralelo, la sostenibilidad medioambiental ha dejado de ser un elemento accesorio para convertirse en una prioridad estratégica. El sistema sanitario, como gran consumidor de recursos, tiene la responsabilidad de reducir su huella ecológica. A corto plazo, es necesario impulsar medidas concretas como la eficiencia energética, la gestión responsable de residuos y la compra pública sostenible. Cuidar de la salud también implica cuidar del entorno en el que vivimos.
Como líneas de acción más concretas e inmediatas, propondría: optimizar los circuitos asistenciales para reducir tiempos de espera y mejorar la continuidad de la atención; reforzar la coordinación entre atención primaria y hospitalaria, clave para una gestión eficiente de la cronicidad; avanzar en la profesionalización de la gestión, apostando por la formación continua y el reconocimiento del papel directivo y finalmente, consolidar espacios de participación y avanzar en el compromiso con lo comunitario.
Como decimos en nuestra tierra, “las cosas bien hechas, aunque cuesten, merecen la pena”. Esa es, en definitiva, la tarea que tenemos por delante: hacer bien las cosas, con responsabilidad, con visión de futuro y con el firme compromiso de seguir garantizando una sanidad pública de calidad para todos.
