- El programa Microformación de la Fundación analiza la evolución de los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) y el papel crucial de sus centros de coordinación.
- Ricardo Armengol, médico del Servei Català de la Salut, destaca que el 85% de las emergencias ya ocurren en los domicilios, lo que obliga a cambiar el modelo de atención.
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Madrid, 17 de marzo de 2026.- Los servicios de emergencias son, sin duda, el termómetro más sensible de la angustia y la seguridad de la ciudadanía. Cuando se activan, no solo está en juego la supervivencia clínica ante una patología tiempo-dependiente, sino la sensación de protección de la población ante lo imprevisto. “Las emergencias siempre son un servicio crítico. La población, ante una situación de urgencia propia o de su entorno, genera mucha angustia. Si están bien organizadas, inciden de forma directa no solo en salvar vidas, sino en el bienestar social”, destaca Ricardo Armengol, médico del Servei Català de la Salut y exresponsable del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) de Cataluña, en la nueva entrega del programa Microformación de la Fundación, impulsado por la Fundación Española de Directivos de la Salud (Fundación SEDISA).
El programa Microformación de la Fundación nace con el objetivo de continuar formando a los Directivos de la Salud a través de las voces de expertos de diferentes ámbitos que, en cada una de las formaciones, resaltan la importancia del papel del Directivo de la Salud. En palabras de Joaquín Estévez, Presidente de la Fundación SEDISA: “El envejecimiento de la población y el aumento de la cronicidad nos obligan a los gestores a repensar el modelo de urgencias. La excelencia directiva hoy pasa por integrar los diferentes niveles asistenciales y acercar la alta resolución al domicilio del paciente, evitando traslados innecesarios que no aportan valor clínico y mejorando la calidad de vida de nuestros mayores”.
Dos modelos enfrentados y la importancia del “cerebro” coordinador
En su intervención, Armengol realiza una radiografía precisa de la gestión de estos servicios, comenzando por desmontar el mito de que la emergencia sanitaria es sinónimo exclusivo de accidentes de tráfico. Los datos son contundentes y obligan a repensar los recursos: “La vía pública ocupa fundamentalmente alrededor del 15% de las emergencias. El gran grueso, el 85%, tiene lugar en los domicilios”.
El experto defiende la vigencia del modelo sanitario europeo y español —basado en la estabilización y tratamiento médico in situ— frente al modelo anglosajón tradicional de “cargar y correr” (scoop and run), donde la prioridad es llegar al hospital a toda costa, a menudo con personal paramédico. “Nuestro modelo busca llevar al médico y a la enfermera al lugar del incidente para estabilizar al paciente antes del traslado. Esto marca la diferencia en términos de supervivencia y secuelas”, argumenta.
Pieza clave de este engranaje son los Centros de Coordinación de Urgencias. Lejos de ser meros call centers administrativos, Armengol los define como verdaderos “cerebros sanitarios”. “Estos centros manejan información de toda la comunidad en tiempo real. No solo reciben la llamada, sino que realizan el triaje, deciden el recurso más adecuado (ambulancia, helicóptero, equipo médico) y activan los códigos vitales como el Código Ictus, Infarto o Politrauma, conectando directamente con el hospital de destino antes incluso de que el paciente llegue”. Es esta capacidad de visión integral la que permite optimizar recursos que son, por definición, limitados y críticos.
El futuro: el “box” en el salón de casa
Sin embargo, el éxito del Sistema Sanitario ha traído consigo un nuevo desafío: una sociedad cada vez más longeva y pluripatológica. “Tenemos la suerte de tener una sociedad con una supervivencia importante, pero eso conlleva más patologías y más cronicidad. Ese paciente crónico complejo es hoy el más demandante”, explica Armengol. Ante este escenario, el reto transformador para los Directivos y Directivas de la Salud es evitar el traslado innecesario al hospital, que a menudo supone un riesgo añadido de desorientación y complicaciones para el paciente mayor. La propuesta de Armengol es ambiciosa: “Tenemos que hacer lo imposible para que ese paciente se quede en casa. El reto es poder montar un ‘box de urgencia’ en el propio domicilio para compensar la desestabilización aguda in situ”.
Esta estrategia implica una coordinación entre niveles asistenciales, uno de los grandes debates pendientes. La idea es que, una vez que el servicio de emergencias ha resuelto el cuadro agudo en el hogar, el relevo lo tome de forma inmediata la Atención Primaria o la hospitalización a domicilio. “Se trata de evitar el traslado, aunque eso suponga una atención inicial más larga por parte del equipo de emergencias, hasta que otro nivel asistencial se haga cargo. Un sistema moderno debe hacer la vida más fácil a los usuarios, que están deseando quedarse en su entorno, y también a los profesionales”, concluye.
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