La desescalada del directivo sanitario tras la pandemia Covid 19
José Antonio Moreno, Presidente de Gihsa
En Directivos
César Pascual Fernández, Coordinador de Proyectos de la Fundación SEDISA, con su clarividencia acostumbrada, publicó el pasado día 11 de enero un documento con el título “Transformación directiva durante y tras la crisis” en el que hace referencia a su anterior artículo “La necesaria transformación de las organizaciones sanitarias”, publicado el 1 de marzo de 2019. En esta ocasión plantea que los directivos sanitarios tienen que transformar sus actividades, desaprendiendo algunas de las tradicionales y asumiendo nuevas, transformándolas, y centrándose en la toma de decisiones directivas y la gestión del cambio, según mi interpretación resumida del trabajo que publica.
Hace más de treinta años que definí la tarea directiva “tomar decisiones” como: “Dirigir es conseguir resultados y lograr satisfacción y desarrollo humano y profesional personal y de los dirigidos, tomando decisiones acertadas y oportunas, asumiendo riesgos en situaciones de incertidumbre”.
La toma de decisiones consiste, básicamente, en elegir una opción entre las disponibles, a los efectos de resolver un problema actual o potencial. En términos básicos según Hellriegel, y Slocum (2004) es el “proceso de definición de problemas, recopilación de datos, generación de alternativas y selección de un curso de acción”. Por su parte, Stoner, (2003) define la toma de decisiones como “el proceso para identificar y solucionar un curso de acción para resolver un problema específico”.
Hay tres modelos de toma de decisión de acuerdo con los criterios establecidos por McLeod (2000): el racional, el de racionalidad limitada y el político. La utilidad de estos modelos reside en que ayudan a identificar la complejidad y variedad de las situaciones para la toma de decisiones en una organización.
En las organizaciones en general suele existir una jerarquía que determina el tipo de acciones que se realizan dentro de ella y, en consecuencia, el tipo de decisiones que se deben tomar. Se divide a la empresa en 3 niveles jerárquicos:
1. Nivel estratégico: Alta dirección; planificación global de toda la empresa.
2. Nivel táctico: Planificación de los subsistemas empresariales.
3. Nivel operativo: Desarrollo de operaciones cotidianas (diarias/rutinarias).
Conforme se sube en la jerarquía de una organización, la capacidad para tomar decisiones no programadas o no estructuradas adquiere más importancia, ya que son este tipo de decisiones las que atañen a esos niveles. Por tanto, la mayor parte de los programas para el desarrollo de directivos, pretenden mejorar sus habilidades para tomar decisiones no programadas, por regla general enseñándoles a analizar los problemas en forma sistemática y a tomar decisiones lógicas.
A medida que se baja en esta jerarquía, las tareas que se desempeñan son cada vez más rutinarias, por lo que las decisiones en estos niveles serán más estructuradas (programadas).
Todas las personas que toman una decisión poseen una serie única de características personales influyentes en la resolución del problema. Por ejemplo, en una empresa, el gerente creativo tolerará bien la incertidumbre, ofreciendo diversas alternativas para su decisión en un menor tiempo y evaluándolas de un modo diferente al de otro gerente con una personalidad más conservadora y menos propenso a aceptar riesgos. Teniendo en cuenta esta información, los investigadores han tratado de identificar los diferentes estilos para tomar decisiones.
El supuesto básico del modelo de la toma de decisiones, reside en reconocer que las personas difieren en dos dimensiones:
La primera es la forma de pensar.
A la hora de tomar una decisión, hay personas que lo hacen con una mayor lógica y racionalidad, procesando la información de forma secuencial. Sin embargo, otras personas se enfrentan a este proceso de forma más creativa e intuitiva contemplando una perspectiva más amplia.
La segunda dimensión se refiere la tolerancia a la ambigüedad.
En aquellas situaciones donde los individuos para tomar la decisión requieran de mucha coherencia y orden en la información, el grado de tolerancia a la ambigüedad es mínimo. En contraposición, aquellas personas capaces de procesar multitud de información al mismo tiempo, asumiendo con ello un importante grado de incertidumbre, la tolerancia a la ambigüedad es elevada.
Teniendo en cuenta estas dos dimensiones, Stephen P. Robbins desarrolló un diagrama de cuatro estilos para la toma de decisiones.
El estilo directivo para la toma de decisiones se caracteriza por una baja tolerancia a la ambigüedad y un modo de pensar totalmente racional. En este estilo se sitúan aquellas personas con un alto grado de razonamiento lógico, capaces de tomar decisiones rápidas, enfocadas a corto plazo. Su eficacia y rapidez en la toma de decisiones permite adoptar una solución con información mínima y evaluando pocas alternativas.
El estilo analítico para tomar decisiones se caracteriza por una mayor tolerancia a la ambigüedad que los tipos directivos, combinado con una forma de pensar totalmente racional. Estas personas precisan de más información antes de tomar una decisión, considerando y analizando más alternativas. Los individuos situados en este estilo analítico se caracterizan por su capacidad para adaptarse o enfrentar situaciones únicas.
El estilo conceptual para tomar decisiones engloba a personas con una gran tolerancia a la ambigüedad y un modo de pensar intuitivo. Estas personas se caracterizan por tener una amplia capacidad para procesar información desde una perspectiva extensa y una elevada capacidad analítica tratando de analizar muchas alternativas. Se enfocan en el largo plazo y con frecuencia buscan soluciones creativas a los problemas.
El estilo conductual representa a aquellas personas cuyo modo de pensar es de manera intuitiva pero cuyo grado de tolerancia a la ambigüedad es bajo. Estas personas trabajan bien con otras, están abiertas a las sugerencias y se preocupan por los que trabajan con ellas. La aceptación de los demás es importante para los de este estilo de toma de decisiones.
Las situaciones, ambientes o contextos en los cuales se toman las decisiones se pueden clasificar según el conocimiento y control que se tenga sobre las variables que intervienen o influencian el problema, ya que la decisión final o la solución que se tome va a estar condicionada por dichas variables.
Situación o ambiente de certeza: En este contexto se tiene conocimiento total sobre el problema (información exacta, medible y confiable acerca del resultado de cada una de las alternativas consideradas), y las opciones de solución que se planteen van a causar siempre resultados conocidos e invariables. Al tomar la decisión sólo se debe pensar en la opción que genere mayor valor añadido. No obstante, no hay que olvidar que un problema puede tener muchas posibles soluciones, y calcular los resultados esperados de todas ellas puede ser extremadamente lento y costoso.
Situación o ambiente de riesgo: Se podría definir riesgo como la probabilidad de que suceda un evento, impacto o consecuencia adversa. En el proceso de toma de decisiones bajo riesgo el decisor tiene información completa para solucionar el problema, es decir, tiene conocimiento del mismo, conoce las posibles soluciones, pero no es capaz de diagnosticar con certeza el resultado de alguna alternativa, aun contando con suficiente información como para prever la probabilidad que tenga para llevarnos a un estado de cosas deseado.
Situación o ambiente de incertidumbre: Se posee información deficiente para tomar la decisión, no se tiene ningún control sobre la situación, no se conoce como puede variar o la interacción de las variables del problema, se pueden plantear diferentes opciones de solución, pero no se le puede asignar probabilidad a los resultados que arrojen.
Por esto, se le llama “incertidumbre sin probabilidad”. Con base en lo anterior, hay dos clases de incertidumbre:
· Estructurada: No se sabe que puede ocurrir entre diferentes opciones, pero sí se conoce que puede ocurrir entre varias posibilidades.
· No estructurada: No se sabe que puede ocurrir ni las probabilidades para las posibles soluciones, es decir, se desconoce totalmente lo que puede ocurrir.
La separación del proceso de toma de decisiones, en etapas puede ser tan resumida o tan extensa como se desee, pero podemos identificar principalmente las etapas siguientes:
1. Identificar y analizar el problema
2. Identificar los criterios de decisión y ponderarlos
3. Definir la prioridad para atender el problema
4. Generar las opciones de solución
5. Evaluar las opciones
6. Elección de la mejor opción
7. Aplicación de la decisión
8. Evaluación de los resultados
