Expertos reclaman reforzar la humanización, la toma de decisiones compartida y la adecuación del esfuerzo terapéutico para garantizar un final de vida digno en el ámbito hospitalario

• Morir en el hospital no debe ser sinónimo de soledad, sufrimiento evitable ni pérdida de dignidad, coinciden los expertos reunidos por el Consejo Asesor de SEDISA.

• Los ponentes alertan sobre el encarnizamiento terapéutico y la medicina defensiva, y subrayan la importancia de identificar a tiempo la proximidad de la muerte para orientar adecuadamente las decisiones clínicas y asistenciales.

• Humanizar el final de la vida exige un compromiso activo de los Directivos de la Salud, llamados a ejercer un liderazgo ético y responsable que impulse procedimientos claros y compartidos, formación y sensibilización de los profesionales, y una cultura organizativa que sitúe de forma efectiva el respeto a la autonomía, la dignidad y los valores del paciente en el centro del sistema sanitario.

Madrid, 7 de enero de 2026.- El Consejo Asesor de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) ha celebrado un nuevo encuentro online dentro del ciclo El Ágora de las Reflexiones, dedicado en esta ocasión a un tema de máxima relevancia ética, clínica y organizativa: cómo procurar una buena muerte al paciente hospitalizado, un proceso que, tal como coincidieron los expertos, debe abordarse con profundo respeto, planificación, humanidad y con procedimientos claros para reducir el sufrimiento y garantizar la dignidad de los pacientes. El encuentro contó con la participación de Mariano Guerrero, presidente del Consejo Asesor de SEDISA y catedrático en Gestión y Planificación Sanitaria de la UCAM, Rafael Pacheco, profesor de Medicina Legal, especialista en ética y Consejero Asesor de SEDISA, Juan José Rodríguez Sendín, expresidente de la Organización Médica Colegial y miembro de su Comisión de Ética y Deontología, y Alejandro Marín Mora, médico costarricense, referente en bioética y bioderecho en América Central y Sudamérica, quienes abordaron el final de la vida desde la ética, la práctica clínica, la gestión sanitaria y la bioética internacional.

“Hablar de cómo procurar una buena muerte al paciente hospitalizado no es solo un debate clínico o ético, sino un reto ineludible para las organizaciones sanitarias y para quienes las dirigen. Los directivos de la salud debemos reflexionar sobre qué se hace, qué no se hace y qué debería hacerse para garantizar que el final de la vida en el hospital se produzca con dignidad, respeto a los valores del paciente y el mayor bienestar posible” expresó el Presidente del Consejo Asesor de SEDISA Mariano Guerrero. En esta línea, reflexiona, apoyándose en su experiencia clínica y gestora: “Los hospitales deberían intentar parecerse, en los momentos finales de la vida, a las casas, aunque sabemos que no siempre es posible ni necesariamente deseable. Lo que sí resulta imprescindible es garantizar el acompañamiento emocional del paciente, de su familia y del propio equipo sanitario, incluso en habitaciones compartidas. Mi preocupación, como médico y como gestor, es que estas situaciones sigan dependiendo en exceso de la sensibilidad individual del profesional y no de procedimientos claros integrados en los programas de calidad de las organizaciones sanitarias. Esta es una reflexión directa y una llamada a los Directivos de la Salud: no basta con estar de acuerdo en lo que debería hacerse, es necesario que las instituciones lo regulen, lo ordenen y lo hagan posible.”

En este marco, el Profesor de Medicina Legal y especialista en Ética Rafael Pacheco ofreció una reflexión introductoria sobre la dimensión humana, cultural y simbólica del final de la vida, recordando que la muerte no solo es un hecho biológico, sino también un elemento estructural de nuestra condición humana: “El hecho de la muerte nos humanizó a todos. Somos humanos a partir del momento en que nuestro cerebro fue capaz de crear la capacidad de abstracción suficiente para saber que nos vamos a morir.” Sobre el contexto hospitalario, subrayó la dificultad emocional y organizativa de morir en un entorno compartido: “Cuando un enfermo fallece, incluso el ruido propio de la planta cesa. Y se produce casi un ‘secuestro’ del cadáver, como si hubiera que ocultarlo. Esto refleja hasta qué punto el tabú de la muerte nos atraviesa.”

“No existe el bien morir: existe hacer las cosas bien, mal o regular”

Juan José Rodríguez Sendín, Miembro de la Comisión de Ética y Deontología de la Organización Médica Colegial, ofreció una intervención clara y contundente sobre el papel de los profesionales en los momentos finales del paciente: “No creo que exista la ‘buena muerte’ ni el ‘bien morir’. Morir nunca será bueno. Lo que sí podemos es hacer las cosas bien, mal o regular.” Rodríguez Sendín insistió en que el sufrimiento se divide en físico y moral, y que este último es el que más necesita cambios organizativos. Y reforzó el papel central de la autonomía en estas cuestiones: “La única forma de defender nuestra propia dignidad profesional es respetar hasta el final la dignidad del paciente. No podemos permitir que las convicciones del médico sean dominantes sobre las decisiones del enfermo. Asimismo, defendió una aplicación más generosa y coherente de la sedación paliativa, recalcando casos reales en los que esta se retira por criterios subjetivos de distintos profesionales, lo que calificó como “mala práctica médica”.

“La medicina defensiva está haciendo daño”: la visión internacional de la bioética

La visión internacional la amplió Alejandro Marín Mora, referente en Bioética y Bioderecho en América central y Suramérica, “El encarnizamiento terapéutico es hoy el principal motivo de consulta a los comités de bioética en Costa Rica, Uruguay, Argentina, España y Estados Unidos.” Insistió en el impacto emocional para los profesionales: “La atención agresiva al final de la vida no solo perjudica al paciente. Produce arrepentimiento clínico y contribuye al burnout médico. Humanizar el final de la vida también es cuidar a quienes cuidan.” Además, insistió en la importancia de las voluntades anticipadas y en la necesidad de que no solo exista el documento, sino una cultura institucional que asegure su cumplimiento: “En algunos estados de EE. UU., más del 90% de la población tiene directrices anticipadas porque se exigen al ingresar en el hospital. Esa es la línea que deberíamos seguir.”

Instituciones sanitarias: la urgencia de procedimientos claros

En el diálogo final, los ponentes coincidieron en que los hospitales deben contar con protocolos claros, realistas y humanizadores para los momentos de final de vida. Mariano Guerrero recordó: “Si somos capaces de protocolizar procesos complejísimos, ¿Cómo no vamos a protocolizar un procedimiento básico para acompañar dignamente a un paciente que está muriendo?”

Los expertos reclamaron: estándares de comunicación de malas noticias, protocolos de acompañamiento y final de vida, habitaciones o espacios que garanticen privacidad, coordinación entre servicios para evitar decisiones contradictorias, formación y sensibilización emocional para el personal. Rodríguez Sendín añadió: “Con lo que tenemos —que no es malo— es posible hacerlo mucho mejor. Lo que falta es voluntad y prioridad institucional.”

El Ágora dejó una conclusión clara: morir en el hospital debe ser compatible con morir con dignidad. Los expertos coincidieron en que este camino no es solo clínico, sino cultural, y que demanda liderazgo, formación y sensibilidad por parte de los Directivos de la Salud.