El proyecto RET-A, o cómo optimizar el abordaje de las terapias CAR-T en el SNS
Álvaro Hidalgo. Presidente de la Fundación Weber. Director del Grupo de Investigación en Economía y Salud de la UCLM
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La pandemia del Covid-19 ha sumido a nuestro sistema sanitario en una crisis sin precedentes, cuyas consecuencias económicas van a enfrentar a nuestra sociedad a una recesión jamás vivida en la reciente historia de España. Una de las enseñanzas de esta crisis es la necesidad de reformular el sistema sanitario y adaptarlo a la situación cambiante. De hecho, en estos tiempos convulsos hemos visto cómo reformas que se llevaban debatiendo durante años en múltiples foros se han implementado de forma inmediata ante la nueva realidad en la que hemos tenido que aprender a vivir y gestionar nuestra sanidad.
En este sentido, las terapias avanzadas suponen una innovación del siglo XXI que tiene que ser implementada en un sistema sanitario con estructuras organizativas, de recursos humanos, contables y de gestión del siglo XX. Por este motivo, desde la Fundación Weber, consideramos que era necesaria una reflexión estratégica y multidisciplinar para optimizar el manejo e implementación de las nuevas terapias avanzadas en España, y en concreto de las terapias CAR-T.
Es así como surge RET-A, con la colaboración de Gilead. RET-A es un proyecto pionero en España, ideado como el primer foro de debate estratégico sobre terapias avanzadas en nuestro país. Partimos de los avances puestos en marcha por el Ministerio de Sanidad para proponer líneas futuras de avance. Para ello, hemos contado con 40 expertos de distinto perfil, incluyendo clínicos de distintas especialidades, enfermería, farmacia hospitalaria, sociedades científicas, gestión sanitaria, academia, consultoría, institutos de investigación y asociaciones de pacientes.
El proyecto se instrumentó a través de cuatro grupos de trabajo temáticos y de un Comité Asesor CORE, que nos ayudó a diseñar y estructurar el abordaje del proyecto. Quiero destacar que en este grupo CORE tuvimos el privilegio de contar con Joaquín Estévez, Presidente de SEDISA, ya que considerábamos fundamental contar con la visión directa de los máximos representantes de la gestión sanitaria.
El primer grupo de trabajo dibujó el tan necesario punto de partida, señalando los elementos estratégicos del mismo; el segundo grupo reflexionó acerca de la necesidad de considerar de forma integral el proceso asistencial; el tercer grupo discutió los modelos innovadores de evaluación y financiación que estas terapias precisan; por último, el cuarto grupo miró hacia el futuro en un intento de prever la evolución de estas terapias y sus necesidades en el medio y largo plazo.
Del trabajo desarrollado a lo largo del último año se desprenden múltiples reflexiones y recomendaciones relativas al manejo óptimo de los CAR-T, que también pueden, y deben, hacerse extensible al resto de terapias de alto valor añadido del SNS. Quiero destacar cuatro de ellas.
· La importancia del trabajo multidisciplinar y en red. El manejo de los CAR-T exige considerar de forma integral el proceso asistencial, rompiendo los silos y compartimentos. Se necesitan unas normas comunes, y realizar un abordaje multidisciplinar y en red, que debe incluir hematología, oncohematología pediátrica, oncología, medicina intensiva, neurología, farmacología clínica, inmunología, infectología, radiología, farmacia hospitalaria, investigación clínica, anatomía patológica, enfermería y dirección médica, así como otros profesionales sociosanitarios y los familiares del paciente. El gestor sanitario debe ser una parte muy implicada en el proceso que, con un adecuado asesoramiento económico y jurídico, actúe como facilitador, coordinador y evaluador, planificando adecuadamente los recursos asistenciales necesarios.
· La necesidad de optimizar los tiempos de acceso. La falta de información, los requerimientos burocráticos y la multiplicidad de comités ralentizan el acceso a la terapia y originan retrasos evitables a unos pacientes que, a menudo, se encuentran en un estado de salud muy delicado. La situación es especialmente acuciante cuando el paciente pertenece a un centro no cualificado para el manejo de CAR-T, por la dilatación de tiempos que implica. Es necesario por tanto optimizar los tiempos de cada etapa, desde la identificación del paciente hasta la infusión de la terapia, identificando cuellos de botella y tratando de aportar soluciones, especialmente en la coordinación intra e inter-hospitalaria.
· La relevancia de la adaptación temprana a la realidad. Se han aprobado los dos primeros CAR-T industriales, en dos indicaciones onco-hematológicas, pero hay cientos de ellos en fase de investigación, incluyendo otras áreas como los tumores sólidos e incluso otras patologías no oncológicas. El reto del sistema es anticiparse a lo que está por llegar, evaluando la escalabilidad de la actual estructura, procesos, modelos y sistemas. También el plan del Ministerio incide en la importancia del carácter dinámico del plan aprobado, de modo que pueda adaptarse a las necesidades cambiantes. En este sentido, y también en aras de una mayor equidad territorial, convendría ampliar la actual red de 10 centros cualificados para el manejo de CAR-T, ubicados en solo cinco CCAA.
· La deseabilidad de financiar las innovaciones en base al valor aportado. Desde el punto de vista económico, los CAR-T incrementan los desafíos para el sistema sanitario, dado que los costes asociados se adelantan al inicio de tratamiento (además, en una sola administración), mientras que los mayores beneficios se logran a largo plazo. En este sentido, es necesario implementar nuevos enfoques de financiación basados en el valor aportado, tales como los acuerdos de pago por resultados. Un elemento fundamental para su correcta implementación es la adecuación de los sistemas de información, sobre los cuales todavía hay mucho que trabajar en términos de simplificación, interoperabilidad, retroalimentación y automatización, lo que requiere liderazgo e inversión.
En definitiva, además de un tratamiento disruptivo, los CAR-T son una oportunidad de oro que debe servirnos para optimizar la organización del SNS en su conjunto, optimizando los engranajes del sistema para hacer el mejor uso posible de los recursos disponibles. El proyecto RET-A pretende aportar algunas pautas para ello, a partir de las experiencias vividas y las buenas prácticas compartidas. Como hemos visto, la gestión sanitaria es una pieza fundamental del cambio. La crisis del Covid-19 no ha hecho sino acentuar la necesidad de optimizar los recursos y adaptarse lo más rápidamente posible a la realidad cambiante que vivimos, y que viviremos. Animo a todos ustedes a profundizar en los detalles de este proyecto, cuya versión digital pueden encontrar en la página web de la Fundación Weber (http://weber.org.es/publicaciones/)
