El obligado avance hacia el buen gobierno de las instituciones

El obligado avance hacia el buen gobierno de las instituciones

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El obligado avance hacia el buen gobierno de las instituciones

Modoaldo Garrido, Vicepresidente Primero de SEDISA y director gerente del Hospital Universitario Fundación Alcorcón

En Directivos

Una observación en tiempo real del entorno en el que el directivo de la salud desarrolla su actividad en nuestro país — del análisis del contexto externo y de sus perturbaciones, nos obliga inevitablemente como parte que somos de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), a instar y a recordar enfáticamente a quien pudiera corresponder, que la gestión de nuestro sistema de salud (el de todos y todo él), requiere sin demora el avance hacia el buen gobierno de las instituciones (públicas y privadas) y de sus centros.

Para ello, se debe tener claramente en cuenta que la asignación de presupuestos reales, la autonomía de gestión, la participación de los profesionales y de los ciudadanos en la gestión del sistema, la transparencia, el cumplimiento de lo establecido en los códigos de ética que deberán redactarse ad hoc, y la lucha contra los conflictos de interés y contra la corrupción, no pueden desarrollarse sin que ciudadanos honestos y comprometidos, personas concretas, lo hagan, y que para alcanzar el objetivo , a niveles micro, meso y macro en una parte importante, debe asentarse en la gestión y administración sanitaria de nuestro país, una cohorte de directivos profesionalizados suficientes capacitados, formados y acreditados.

Viene de la mano recordar a quien interprete nuestras acciones en ese sentido, a veces incluso a nosotros mismos, miembros de SEDISA, que tanto da para lo que estamos hablando, que no somos el sindicato de directivos, porque no es ese nuestro objetivo fundacional, y a la vez que sin serlo, es legítimo defender y reivindicar nuestra lucha por la dignificación de nuestro trabajo, por la mejora de la visibilidad de cara a la sociedad civil a la que servimos en la defensa de los valores que definen nuestro sistema sanitario en el entorno de lo público, o los que legítimamente representan a nuestra compañía.

Tenemos el derecho y el deber de reivindicar que se nos nombre y que se nos cese con el criterio debido. No nos resignamos a ser espectadores pasivos de una partida en la que pierden demasiados buenos jugadores, independientemente de que hayan movido bien o mal sus fichas, no es posible, ni admisible, porque lo decida alguien que tiene el encargo temporal de promocionar el juego limpio.

Nuestro modelo “incomprensible” para muchos, sobrevive, ante el enésimo anuncio del ahora sí que sí, verdadero advenimiento del apocalipsis, sobrevive, y eso que sabiendo muchos, casi todos, lo que hay que hacer en el asunto que aquí he traído a colación (y también en otros asuntos que en su día comentaremos si creéis que merece la pena que lo hagamos), no lo hacemos. Basta de vendedores de verdades irrefutables, los “creyentes” a su templo (también yo voy al mío claro, ni que no tuviera yo miedo al abismo), ni plan, ni mercado, ni mercado planificado. Buena práctica clínica, buen hacer todos lo que hay que hacer y buen dejar de hacer lo que no corresponde, buen gobierno gracias.